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Nelson Choto

El encanto de las ciudades coloniales

El encanto de las ciudades coloniales
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Published by Editorial Alejandría
2004
Buganvillas, entejados, cal rutilante, cielo añil inmaculado. El patio, la fuente, el aroma de los jazmines... la rosaleda. Agua, piedra y jardín. Muro, enredadera. Una ciudad colonial es como la casa ancestral, vuelta al solar antiguo, al espacio intemporal donde el presente se enfrenta y reúne con el pasado. Es una elegante matrona que el tiempo ha engalanado, y a la vez, muchacha indiana, hermosa y lozana como flor tropical. Por siglos los poetas han dedicado versos a sus ciudades como a mujeres homenajeadas. En una ocasión en los años cuarenta, Sir Edmond Ovey, embajador Británico en Rusia, pidió al escritor Juan Cotto que le describiese su pueblecito natal, Santa Lucía de Suchitoto, en El Salvador. Cotto escribió: En una suavidad en que se ha roto el encendido trópico Levanta su gracia de paloma Suchitoto. Cotto fue más allá y quiso dejar constancia de la magia del lugar, esa fascinación que infunden las ciudades coloniales: Si una rosa se cansa de ser rosa, rompe el breve columpio de la vida y en mi pueblo se convierte en mariposa. Suchitoto, nahua (idioma de los aztecas y los pipiles que se asentaron en parte de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua), es ya un poema sintético. Suchil es flor, y Totot, pájaro: la flor que deja el árbol y sigue al viento, la flor que se hace pájaro. Nuestras ciudades llevan nombres mestizos como la sangre centroamericana, nuestras ciudades coloniales son el producto de una amalgama cultural que no es posible reducir simplemente a lo español y lo indígena, sino más bien, es resultado de la mezcla cultural maya, nahua, lenca, árabe, céltica, judía, romana, griega y cristiana. Fusión cultural Los conquistadores encontraron ya una cultura, y esa cultura aún pervive. Lo que dio vida a ese universo que hemos llamado precolombino, está presente en el habla, costumbres y tradiciones. En ninguna otra ciudad colonial centroamericana es más evidente la presencia indígena que en La Antigua Guatemala, donde el colorido del vestuario de los indígenas es elemento indisoluble en el paisaje. La Antigua, que fuera capital del Reino de Guatemala, una extensión que abarcaba desde el Sudeste de México hasta Costa Rica, es la mayor y mejor conservada de las ciudades coloniales de Centroamérica, gracias a los esfuerzos conservacionistas de sus habitantes y organizaciones dedicadas a preservar su riqueza patrimonial, tales como Salvemos Antigua, con el apoyo de la empresa privada dedicada al turismo. El ambiente de una ciudad colonial tiene un efecto inmediato en el paseante: ahí su alma encuentra sosiego. Sus fuentes, las mismas de hace más de doscientos años, fluyen con alegría y la misma agua fresca de las serranías centroamericanas, agua acostumbrada al reflejo de la luna y la arboleda, agua acostumbrada a pétalos de buganvillas y alamandas. Geranios, sol, entejados, cal rutilante, cielo añil inmaculado, muros agrietados como las sabias manos de un anciano campesino. Reminiscencias de un patio alegre al cuido de diligentes matronas, quién no quisiera disfrutar de una cena especial en un patio añejo que baña la luna, qué dama no quisiera sentirse adorada desde el balcón mientras es acariciada por una serenata. Rincones de paz y cultura Las ciudades coloniales son escenarios para enamorarse, son rincones de silencio para encontrar la paz, son centros para el arte y la cultura. Ciudades que guardan aroma de cafés finos y la dulzura de los cañaverales, urbes donde aún respira el campo, quién podría resistir caminar las calles del Darío, la figura más grande de la literatura centroamericana de todos los tiempos y explorar los rincones que fascinaron su infancia. Quién no quiere desentrañar ese orgullo leonés y descubrir los edificios que ostentan el garbo y donaire de una época señorial. León, esa ciudad culta que posee uno de los centros de arte con una de las más impresionantes y valiosas colecciones de obras pictóricas de Centroamérica. En el Centro de Arte Ortíz Gurdián, el visitante encontrará obras de Chagall, Matisse, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Pablo Picasso, entre muchos más. Esa es una de las importantes características de estas urbes, tal como lo afirma Elizabeth Bell: «La Antigua Guatemala es una ciudad que reúne conservación, cultura y vida», una ciudad viva, no una ciudad museo. Mezcla lo viejo y lo nuevo: galerías de arte, vida nocturna e historia. La ciudades coloniales de Centroamérica «nos gustan porque son pintorescas y conservan todos los detalles de su arquitectura, sus calles empedradas y forma de vida apacible y tradicional», dice Carlos Herdocia Duarte, propietario del Hotel Los Balcones de León, presidente de la Cámara de Turismo de Nicaragua, CANTUR, y leonés por los cuatro costados, quien cuenta la historia de esta magnífica ciudad: «León fue fundada originalmente en 1524 a orillas del volcán Momotombo, por el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba. Debido a Erupciones, se traslada a su lugar actual en el año de 1610, a 30 kilómetros de distancia, en el corazón de un poblado indígena conocido como Sutiaba. León fue la pri-mera capital de Nicaragua hasta mitad del siglo XIX. Aquí se fundó la segunda universidad de la Región; además es cuna de poetas, entre ellos el Universal Rubén Darío, Salomón de la Selva y muchos otros hombres ilustres de talla mundial. Paisajes del alma Pero más que datos y fechas, para Herdocia: «la ciudad de León es para mi un oasis de cultura, es la ciudad universitaria por excelencia, con centros de arte de calidad mundial y diferentes museos que deleitan a quien busca cultura, historia y arte». Esa pasión que despierta la ciudad natal o la que se adopta como tal, es la debe mover a los habitantes, como lo dice Juan Carlos Elvir, alcalde de Santa Rosa de Copán, que junto con Comayagua, son magníficas ciudades coloniales hondureñas, «a trabajar en la búsqueda de oportunidades a través de la gestión turística del patrimonio cultural. Santa Rosa de Copán es mi hogar, es donde quiero vivir y quiero que mi familia viva y es por esa razón es que estamos trabajando para brindar condiciones que permitan la generación de oportunidades que contribuyan a la distribución de la riqueza». Turismo y desarrollo Para Elvir, «el hecho que en una ciudad colonial se disfrute de un turismo cultural, impulsa a buscar la manera de conservar las tradiciones, no solamente en el aspecto de infraestructura, sino que también en aspectos de costumbres que permiten retornar un poco a lo que ha sido una riqueza cultural heredada, tanto en la época de la Colonia como en la época Republicana». En «Alejandro», documental de cine del productor Guillermo Escalón, Alejandro Cotto, verdadero artífice del rescate de la ciudad de Suchitoto, explica cómo, luego de la Guerra en El Salvador, hubo de buscar algo que inyectara nueva vida a la ciudad y al fin se optó por el intento de crear una capital cultural que pudiese generar desarrollo alrededor del turismo. Así nació el Festival Permanente de Arte y Cultura de Suchitoto, que ha sido un éxito. Precisamente, Elizabeth Bell recalca ese papel fundamental de la actividad turística debidamente orientada en el fortalecimiento de la economías locales: el turismo cultural en La Antigua genera miles de empleos en la industria hotelera y en los casi 100 restaurantes que funcionan en la ciudad, las escuelas de español y la actividad artesanal. Conservación El bien cultural se transforma en materia prima de la industria turística, por eso es importante la conservación de estos lugares y la protección por medio de iniciativas privadas como Salvemos Antigua o el Patronato Pro Restauración de Suchitoto. Las agencias de cooperación internacional y los organismos internacionales juegan un papel fundamental en este tema. Por la importancia histórica de estos lugares centroamericanos, muchos son ya parte del inventario que la UNESCo tiene de los sitios considerados Patrimonio de la Humanidad, mientras que otros están en proceso de obtener esa calificación. La Antigua Guatemala obtuvo esa declaratoria en 1979 y en 1997 y 2003, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, el sitio arqueológico de Panamá La Vieja y el distrito histórico de Panamá, conocido como Casco Viejo o Casco Antiguo. La Catedral de León, en Nicaragua está en proceso de obtener esa calificación. Una de las más gratas experiencias que puede vivirse en una ciudad colonial es esa interacción que el mismo escenario de la ciudad permite entre los turistas y los anfitriones locales. Juan Pasos, propietario del hotel Alhambra de Granada, Nicaragua, dice que una de las mejores cosas que esta bella ciudad ofrece es el calor humano de los granadinos. «En Granada hay un ambiente místico, donde converge el pasado con el presente, y los granadinos, orgullosos de su ciudad, se preocupan por ofrecer un espectáculo bello, por eso están constantemente remozando las fachadas e interiores de las soberbias edificaciones coloniales y neoclásicas que están por toda la ciudad». Las ciudades coloniales fueron concebidas para la interacción social. El kiosko del parque San Martín, en Suchitoto, que en el pasado era el lugar de encuentro de los enamorados a la vista de todos, era el mismo sitio para presenciar espectáculos culturales. Parece que todas las calles conducen al parque central en estas acogedoras urbes. En La Antigua, ciudad que ha de recorrerse a pie, no hay frontera entre lo exclusivo y lo popular, todo con-verge en un armonioso concierto en el que se comparten espacios: un café a la par de una galería; una pulpería o tienda al lado de una joyería donde se trabaja el jade, una venta informal de panes rellenos en un exclusivo pequeño centro comercial. Acá nos reunimos todos. Las ciudades coloniales son esa porción perdida de la que tenemos recuerdos que no percibimos hasta que estamos ahí.
Art/Architecture , History , Illustrated Books , Regional , Travel
 
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