writers.net
 
Home Writers Literary Agents Editors Publishers Resources Discussion  
  Log in  |  Join WritersNet

Published Writers browse by location | browse by topic | add listing  |  faqs

Published Book or Work by:

Nelson Choto

Historia del Puerto de Acajutla

Historia del Puerto de Acajutla
Buy this book
Published by Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma de El Salvador
2004
Galeones, bergantines, vapores, fragatas, cruceros. De la vela al vapor y al diesel. De lanchones a remolcadores, Acajutla es puerto desde las primeras incursiones españolas. Su referencia en tempranas cartas de marear del litoral Pacífico de Centroamérica hizo que se convirtiera en nombre familiar para expertos navegantes que se lanzaron a la aventura del océano recién descubierto. Su mención es además frecuente en los más antiguos documentos que registran las primeras impresiones de europeos sobre esta parte de América. Un afortunado accidente El descubrimiento del Nuevo Mundo se dio en medio de la búsqueda de una ruta segura y económica hacía las riquísimas Indias. Este afortunado accidente no hizo decrecer el interés por Asia y desde las primeras acciones es claro que los conquistadores tenían la mente puesta en las Especierías. Osados navegantes se dedican entonces a la búsqueda de una ruta náutica que permita conectar los dos océanos. Vasco Núñez de Balboa descubre el Mar del Sur en 1513 y diez años después una expedición anota el registro de la bahía de Fonseca, la isla de la Petronila y el Rostro Fragoso (costa del Bálsamo) del litoral actualmente salvadoreño. Ulteriores reconocimientos encuentran en la bahía de Acajutla el inmejorable sitio para fondear barcos y establecer un puerto en el Pacífico que brinde acceso, tanto a la riquísima Provincia de los Izalcos como a la capital, Santiago de Guatemala. Así comienza Acajutla a tomar importancia y su condición única obliga a las autoridades coloniales a establecer allí, cerca de 1550, la primera Alcaldía Mayor en el actual territorio salvadoreño. Hasta la fundación de la Villa del Espíritu Santo y después, la Trinidad de Sonsonate, Acajutla alojaría a las autoridades españolas en Los Izalcos. Acajutla, Alvarado y el Imperio Durante la formidable expansión del Imperio Español, del siglo XVI al XVII, el establecimiento de villas, ciudades y puertos dispuestos en lugares estratégicos fue fundamental para llevar a cabo las ambiciosas empresas de conquista y colonización y desarrollar luego el intercambio comercial que por primera vez se realizaría entre Europa, América y Asia. Acajutla fue puerta del Reino de Guatemala en el Mar del Sur: Santiago y principalmente La Trinidad de Sonsonate serían las más importantes urbes que desde el inicio de la Colonia gozarían los beneficios de su puerto en el Pacífico. La primera noticia de Acajutla se tiene por mención del Adelantado don Pedro de Alvarado en una carta de relación de 1524 en la que hace referencia a uno de los más difíciles episodios de su vida: la batalla de Acaxual, donde el Conquistador expone detalles de la primera confrontación ente pipiles, nativos de la actual región salvadoreña, y españoles. Aunque victoriosos, los europeos junto con sus miles de indios auxiliares, parte del saldo de batalla lo paga el mismo Alvarado: un flechazo en la pierna le dejará lisiado por el resto de su vida. «E siguiendo mi propósito, que era de calar las dichas cien leguas, me partí a otro pueblo que se dice Acaxual donde bate la mar del sur en él, y ya que llegaba a media legua del dicho pueblo, vi los campos llenos de gente de él, con sus plumajes y divisas, y con sus armas ofensivas y defensivas, en mitad de un llano, que me estaban esperando... que me dieron un flechazo que me pasaron la pierna, y entró la flecha por la silla, de la cual herida quedo lisiado, que me quedo la una pierna mas corta que la otra bien cuatro dedos...». El conquistador extremeño, jamás olvidará Acajutla. Del trascendental evento la imaginación popular ha urdido legendarios relatos que han llevado a la construcción de un héroe mítico: el príncipe Atonal, en quien se reúne y rinde homenaje a la resistencia indígena y al valor del anónimo flechero que dio con Tonatiuh . El increíble alcance del imperio donde jamás se ponía el sol fue conseguido gracias a múltiples iniciativas de hombres con gran anhelo de más honores y más riquezas, hombres como el Adelantado Alvarado, quien jamás estuvo conforme. Don Pedro se atrevió a realizar una incursión para disputar el dorado Perú y embarcó fortunas y muchas vidas en una expedición que no llegaría a concluir y que tenía como destino original las Molucas (actuales islas Filipinas), puerta que llegaría a ser de España y Occidente en el lejano Oriente. De Acajutla a California y el Maluco El Adelantado Alvarado, cojo ya por dieciséis años desde el flechazo, en el mismo sitio que él registrara como Acaxual, se lanza al que sería su último periplo, en el que hubo invertido la fortuna de muchos, incluida la propia, para construir la más impresionante flota vista hasta entonces en el Pacífico. La armada zarpó de Acajutla los primeros días de septiembre de 1540, y tenía como destino la conquista del Maluco (o Molucas). Los esfuerzos para lanzar la empresa recibieron duras recriminaciones por clérigos que denunciaron abusos hacia los indígenas, elevados costos y advertían el riesgo de despoblación para llevarla a cabo. La mayor denuncia llegó hasta la corte por medio del fraile dominico Bartolomé de las Casas. Con todo, Alvarado se echó a la mar al comando de la Santiago, nao capitana. Doce navíos más completaban la armada, incluido el que comandaba Juan Rodríguez Cabrillo. Entre esta pléyade de hombres de mar, un insigne navegante con el rostro curtido por el sol, la sal y los vientos acompañaba también la Armada de Acajutla: Andrés de Urdaneta. La «Empresa del Poniente» establecería una ruta hasta el momento desconocida, persiguiendo un rumbo que suponía Asia y América unidas. Testimonios de los sobrevivientes darían cuenta que creían haber llegado muy cerca de la China. En realidad, habían alcanzado tan al Norte como el actual Point Reyes, en California. Esta sería la primera expedición europea en esa parte de la Costa Oeste de los actuales Estados Unidos. Sin embargo, el Adelantado Alvarado no llegaría más lejos que la Nueva España, donde le fue solicitado apoyo para sofocar una rebelión. Allí, en Nochistlán, moriría el 4 de julio de 1541. El virrey Antonio de Mendoza comisiona entonces al almirante Juan Rodríguez Cabrillo para continuar con la expedición, y de paso, explorar el riquísimo y legendario país de Cíbola. El Almirante, a bordo de la nave San Salvador, alcanza y toma posesión de las tierras de Alta California. Pero Rodríguez Cabrillo tampoco completaría el viaje: su deceso ocurrió en California el 3 de enero de 1543. Las naves que aún no habían zozobrado luego de una terrible tormenta, regresaron al puerto de Navidad, en México, de donde habían zarpado el 27 de junio de 1542. La Armada de Acajutla no alcanzó las Especierías pero abrió un capítulo de oro en la era de los grandes descubrimientos: Las Californias. Casi veinte años más tarde, Andrés de Urdaneta, fraile agustino y uno de los acompañantes de la flota de Alvarado, sería comisionado por Felipe II para acompañar en calidad de cosmógrafo la expedición de Miguel López de Legazpi, la cual partiría de México y tendría como propósito la toma en posesión de las Islas Filipinas y la comprobación de la Vuelta de Poniente. Fue Urdaneta quien trazó la derrota de regreso a América y completó el viaje al arribar el 8 de octubre de 1565 al puerto de Acapulco. La ruta era posible y sería la que utilizara el Galeón de Manila por casi doscientos años. Sin duda Alvarado soñó en grande. Manila se convertiría en el centro de comercio con China, Japón y Siam, y sería punto de partida para la exploración de Micronesia y la evangelización de Asia. La realidad actualmente constituida por la Comunidad Hispana de Naciones es sin duda herencia de las aventuras, esfuerzos y sueños de hombres como Alvarado, Cabrillo, Urdaneta y todos los demás que un día de septiembre de 1540 zarparon del Puerto de Acajutla. Donde el carrizal muere Acajutla ha sido la última forma castellanizada de la voz original que más o menos se estableció en los primeros documentos, según la interpretación de cada autor. Acaxutla, Caxocal, Acaxual, Acxotlan. Don Jorge Lardé y Larín manifiesta en su análisis etimológico del término que el significado es: «lugar de tortugas y matas». Su argumento es confirmado por el nombre que al Puerto han conferido, don Fernando Colón, en 1527 y Diego de Rivero, en 1529, al llamarle Puerto Las Matas. A su interpretación se suma el nombre popular con que se conocía el Puerto viejo: El Tortuguero. No obstante, otros etimologistas han llegado a la conclusión que puede significar: «donde abundan las cañas quemadas», «donde brota abundante el carrizo», o «cerca donde el carrizal muere». Sin establecer determinación al respecto, esta última forma de ver el vocablo se antoja como nombre de frontera, tratándose del punto más al Sur del país, donde la tierra salvadoreña se enfrenta con el mar, lo que trae a la memoria la célebre anotación de Alvarado: “donde bate la mar del sur”. Cacao e índigo El intercambio comercial del cacao incrementó el tráfico de buques, principalmente entre Acajutla y los puertos mexicanos de Acapulco y Huatulco. Acajutla se convirtió en el principal puerto del Reino de Guatemala en el Pacífico. Mientras tanto, el cacao de Los Izalcos impulsaba un creciente intercambio comercial entre Guatemala y los virreinatos de la Nueva España y el Perú. La Trinidad de Sonsonate, fundada en 1553, y su puerto, Acajutla, se convirtieron en centro de tratantes de diversas procedencias. Las tiendas ofrecían gran variedad de productos con origen en diferentes centros del Imperio. Lo mismo sucedía en Santiago, la capital del Reino de Guatemala. El auge del cacao declinaría eventualmente debido al surgimiento de plantaciones en otros lugares de las Indias que competirían con los Izalcos. El cultivo, procesamiento y comercio de otro producto comenzaría a generar fiebre a su alrededor: el oro azul del que San Salvador sería rey: la tinta añil. Añil: El Oro azul En el último cuarto del siglo XVI se consolida el establecimiento del segundo produit moteur de la Audiencia de Guatemala y ya en 1625 el valor de las exportaciones de tinta suma una cuantía que ya supera a la proveniente del comercio de cacao. Pero el destino principal del añil durante el dominio español es Europa, por lo que sus exportaciones se realizan principalmente desde puertos del Caribe centroamericano como Puerto Caballos, en Honduras. El transporte desde San Salvador, San Vicente y San Miguel, el gran triángulo añilero del Reino, se realiza a lomo de mulas. Acajutla ya no tendría el protagonismo de la época del cacao, aunque productos como el bálsamo tendrían en Acajutla un puerto de origen importante. El tráfico entre los dos virreinatos mantendría un constante flujo. Durante los siglos XVII y XVIII tanto la Trinidad de Sonsonate como su puerto, sufren los efectos de las drásticas medidas adoptadas por España con el fin de poner límite al poderío de las élites mexicanas y peruanas sobre las que establece mayores controles para evitar su fortalecimiento. La insuficiente presencia de autoridades peninsulares había permitido la consolidación de prácticas de corrupción que la Corona no estaba dispuesta a tolerar: Sevilla promulga leyes más fuertes y así el flujo comercial de Acajutla decae. El Puerto atraviesa en estos años su período más deprimido, cumpliendo nada más una función de puerto de paso. El XIX El advenimiento del siglo XIX traería consigo nuevas ideas y aspiraciones para las colonias españolas en América, donde ya existía hacía tiempo la conciencia de una realidad diferente a la peninsular. Las economías locales pujan por abrirse camino de forma natural y la nueva potencia del norte se ofrecía como atractivo mercado. Entre los años 1800 y 1805 se ha construido un muelle y se ha fundado un poblado en Acajutla. Convulsos y confusos años estarían por emerger luego de la Independencia de México y Centroamérica, hechos que, junto con el descubrimiento de oro en California y la explotación cafetera en el Istmo, revolucionarían el comercio marítimo en el Pacífico durante el siglo XIX. Luego de la Independencia surge la malograda República Federal de Centroamérica. En sus términos se establece que el muelle y pueblo de Acajutla quedan incorporados al distrito y departamento de Sonsonate. En 1831 se le nombra Puerto Mayor de la República Federal. Sin embargo, debido al convulso clima político, cada estado demandaría herramientas propias para el desarrollo y la subsistencia. Si durante la Colonia Acajutla fue la casi exclusiva puerta de tráfico marítimo en el Mar del Sur para Guatemala, El Salvador, y Honduras, en el siglo XIX se habilitan dos puertos de importancia en el Pacífico: La Libertad, en El Salvador e Iztapa, en Guatemala. Iztapa era ya puerto desde la temprana época colonial, no obstante, su uso había sido irregular y escaso. En 1814 se le habilita como puerto oficial en respuesta a las crecientes necesidades de comercio. Treinta y siete años después es trasladado al lugar que actualmente ocupa, reconociéndole como Puerto San José. En El Salvador se fundarían dos puertos más después de la Independencia: el Puerto de La Libertad y el Puerto de Cutuco, con lo que se pone fin a la hegemonía de Acajutla en la escena comercial marítima de ambos países. Las ciudades capitales de los dos países serían mayormente abastecidas y servidas por puertos cercanos. Esta disponibilidad incrementaría el flujo marítimo centroamericano. La ruta Acajutla-San José facilitaría la interacción mercante y el tráfico de personas entre Guatemala y El Salvador: muchos viajeros preferían la ruta marítima al accidentado y tortuoso viaje por tierra. Tecnología, Puerto y Ferrocarril El XIX es el siglo de las grandes innovaciones. Acajutla deja de recibir botes de vela para dar servicio a buques impulsados a vapor. El muelle de madera construido a mediados de este siglo, con bodegas y aduanas, da paso a uno de hierro construido entre los años 1869 a 1871. Por esos años, la demarcación política acajutlense sería elevada a municipio. El comienzo de una fuerte actividad cafetera estableció un flujo creciente de carga que sería estimulado por el descubrimiento de oro en California, en 1848, y la consecuente Fiebre del Oro, que revolucionó el tráfico marítimo en América y que dio lugar a una de las mayores movilizaciones de bienes y personas que la historia haya conocido. La Fiebre del Oro duró hasta 1864, cuando el movimiento frenético había ya declinado. Aunque Acajutla no percibiría el impacto de tal movilización como los puertos en ambos océanos de la vecina Nicaragua, el nuevo mercado en California y su ubicación, impactarían sensiblemente en sus operaciones, las que se vieron afectadas con el ocaso del California Gold Rush. El auge cafetero presiona por expandir la economía. El café es el eje de la vida y la República se consolida como un grande y eficiente aparato agroexportador. En 1881, el Gobierno salvadoreño firma un contrato con una compañía inglesa que se establecería en el país con el nombre de «Compañía del Ferrocarril de Acajulta», con el fin de dotar de la infraestructura necesaria para el traslado de los productos de exportación al puerto, desde los centros de producción. La construcción de la red ferroviaria se dividiría en cuatro etapas, la primera realizaría el recorrido Puerto de Acajutla-Sonsonate-Ateos. El primer viaje entre Acajutla y Sonsonate se realizaría el 4 de junio de 1882. La segunda etapa se llevó a cabo en 1884, desde Ateos hasta Sitio del Niño. La tercera etapa uniría, en 1894, Sitio del Niño y Santa Ana. Al final del siglo, se terminaría la última etapa: Sitio del Niño-San Salvador. Nuevo puerto, nueva era Al finalizar el siglo XIX, durante la administración presidencial del General Tomás Regalado, se realiza el traslado el puerto y la construcción de un muelle de hierro en la playa de Acajutla. Sus pilotes en ruinas son lo que queda de esa época de esplendor, cuando por primera vez se impulsó un proyecto de modernización que incluía puerto y ferrocarril. En ese mismo año, 1900, la compañía encargada de la construcción y administración de los ferrocarriles cambia su nombre por «The Salvador Railways Limited» ―conocida también como Agencia Nacional―, que también se encargaría de administrar el Puerto de Acajutla. Pero una nueva empresa que realizaría el inmemorial sueño de un paso interoceánico estaba por comenzar. Los trabajos dieron inicio en 1880 y su inauguración fue en 1914: el Canal de Panamá. Esto abrió las posibilidades impensables para comerciar con el Viejo Mundo incluso desde puertos del Pacífico, además de conectar ambas costas de los Estados Unidos. Demanda de cambios A fines de los años 20, el muelle de Acajutla enfrenta un fenómeno que ya afecta la operatividad del mismo: la línea costera ha retrocedido, por lo que se efectúan trabajos de ampliación del muelle en una longitud de 54 metros. El sistema operaba mediante el servicio de lanchones movilizados por remolcadores por medio de los que se accedía a los barcos que fondeaban mar adentro para despachar o recoger bienes y personas, aproximadamente a un kilómetro de la línea de playa. Los remolcadores eran dos lanchas de motor y los lanchones, siete barcas grandes: cuatro de 45 toneladas cada uno; dos, de 35; y uno de 25 toneladas. Ya puesta en el muelle, la carga se almacenaba en bodegas. El muelle era una estructura de hierro forjado y acero, con cubierta entablonada. Su longitud total era de 288 m y contaba con un oleoducto de 167 m y 2 carrileras para ferrocarriles. La cubierta del muelle estaba a 7.3 m sobre el nivel del mar. En el año 1953, un informe técnico reconocía que los pilotes de hierro sobre los que reposaba el muelle, que tenían un diámetro de 6.5 pulgadas, «estaban raídos y desgastados a la altura de la rasante de arena». A cincuenta años de construido, y a quince de su última remodelación, el deterioro de la infraestructura era evidente, lo que se sumaba a otros problemas en los servicios que prestaba el muelle y el sistema de lanchones. La caducidad de su vida útil, la falta de mantenimiento y problemas de administración afectaban la eficiencia del puerto, y en consecuencia, las necesidades de comercio exterior del país, que eran presionadas por el desarrollado producto rey de El Salvador: el café. El Grano de Oro La agroindustria cafetera impulsa un despegue en la economía nacional nunca visto y en el país se desarrollan técnicas agroindustriales que llevarían al país a convertirse en el tercer productor mundial de uno de los commodities más apreciados en el mercado global. Su especialización llegaría a ser tal que en el país se instala, en las afueras de la ciudad de Santa Ana, la planta procesadora que en su tiempo sería la más grande del mundo, propiedad de don Rafael Álvarez Lalinde. La fiebre del Grano de Oro demanda mejoras en toda la infraestructura alrededor del cultivo y procesamiento: Acajutla tenía que modernizarse. Así se decide comenzar con la planificación de un proyecto congruente con los intereses nacionales para contar con un puerto moderno, funcional y bien administrado. A mediados de los años 50 emprende esta labor una institución creada para ello: la Comisión Ejecutiva del Puerto de Acajutla.
Coffee Table Book , History , Regional
 
1 comment You must be logged in to add a comment
From: Manuel Benitez (mfbenitez_arias@hotmail.com) 2008-07-19

Es una lástima que el autor no cite la fuente original de la información presentada: - Rubio Sánchez, Manuel. 1977. Historia del Puerto de la Santísima Trinidad de Sonsonate o Acajutla. Editorial Universitaria. Universidad de El Salvador. San Salvador. 547 pag.